Por Pamela Fadiga
Cada momento es un acto
irrepetible. Las palabras, ladrillos del muro de las intenciones. Sólo el
silencio es claro e implacable, abrumador.
Callar, recrear el
silencio, sentirlo, de ese que se instala a pesar del caos sonoro del ambiente:
risas, música, murmullo y gentío. La distracción es un no ha lugar ineludible, casi obligatorio.

